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ıllı Cipriano Palafox y Portocarrero wiki: que es, historia y significado

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 Cipriano Palafox

Cipriano Palafox y Portocarrero fue liberal, masón y afrancesado, luchó al servicio del rey José Bonaparte, perdiendo el ojo derecho y siendo galardonado en la ciudad de París por su hermano. A la muerte de su hermano mayor, Eugenio Palafox y Portocarrero, heredó el condado de Montijo y el señorío de Moguer.

 

Natural de la villa de Madrid en mil setecientos ochenta y cuatro, fue el último de los 6 hijos de Felipe Antonio de Palafox y Croÿ de Havré y María Francisca de Sales Portocarrero y López de Zúñiga, VI condesa de Montijo. Su padre, hijo menor de los marqueses de Ariza y nieto del duque de Havré, hizo las campañas de Alemania bajo las órdenes del mariscal Broglie y fue nombrado teniente general por Carlos IV en los últimos tiempos de su vida.

Su madre, heredera del condado de Montijo y de sus títulos lindantes, fue una mecenas que sostuvo uno de los salones literarios más esenciales de la capital de España y una reconocida patrocinadora de la Ilustración en España.

En mil ochocientos ocho, fallecida su madre en el destierro acusada de jansenista por órdenes de Godoy, su hermano mayor Eugenio Eulalio heredó sus títulos y Cipriano se transformó en único heredero de este. Desde ese momento, conde de Teba y marqués de Ardales (viejos títulos y mayorazgos de los Guzmanes), antepuso el apellido Guzmán al suyo como dictaba la costumbre en Castilla -y como después haría su hija Eugenia- hasta el momento en que heredó los títulos de la casa de Montijo y empleo el de Portocarrero.

Estudió en la Academia de Artillería y también ingresó al Ejército como oficial del ese cuerpo, siendo nombrado subteniente en mil ochocientos cinco y ascendido a teniente coronel en mil ochocientos siete con motivo de la proclamación tumultaria de Fernando VII en Sevilla. Después de las abdicaciones de Bayona y con el advenimiento de los Bonaparte en España, el conde de Teba, ferviente seguidor de Napoleón, apoyó de forma decidida al gobierno de José I y luchó por la causa francesa en la guerra de Independencia.

En la batalla de Salamanca, perdió el ojo derecho y la movilidad permanente de una de sus piernas. En mil ochocientos doce, con la reposición de Fernando VII, salió de España, incorporose al Ejército Imperial con el rango de coronel y logró distinguirse en la campaña de mil ochocientos catorce, razón por la que Napoleón lo galardonó en el campo de batalla con la Legión de Honor. En la defensa de la ciudad de París, le fue confiado el trazado de las fortificaciones de la capital y, al frente de los pupilos de la École Polytechnique, defendió la situación del refugio de los Buttes de St. Chaumont, lugar desde el que se afirma dirigió los últimos fuegos de artillería en la defensa de Francia. Producida la restauración de los borbones, fue mandado a cárcel por un tiempo y después vivió en la ciudad de París bajo angosta vigilancia policial.

Vuelto a España en mil ochocientos diecisiete merced a un indulto de Fernando VII, se le permitió radicar en Málaga siempre y en todo momento bajo sospecha por sus creencias liberales y también intrigas políticas. En esa urbe, se casó ese año con la hija del cónsul estadounidense, María Manuela de KirkPatrick y Grevignée, con quien tuvo 2 hijas: María Francisca y Eugenia.

En mil ochocientos veinte, se plegó a la revolución de Del Riego y encabezó la Confederación Patriótica en Málaga a lo largo del tiempo que duró el Trienio. Aplastado el gobierno liberal en mil ochocientos veintitres, fue mandado a cárcel y después puesto bajo detención domiciliario en S. de Compostela, primero, y en Granada, después. Pasó, entonces, a radicar con su familia en la ciudad de París hasta el momento en que el rey le dejó regresar a la capital española en mil ochocientos treinta.

En mil ochocientos treinta y cuatro, su irreverente hermano moría enfermo mental y le heredaba los títulos y fortuna de los Montijo; no obstante, una epidemia de cólera y el estallido de la Guerra Civil forzó a su familia a volver a París mientras que continuaba en la capital para ocupar el puesto de insigne del Reino por sucesión de su hermano. Fue miembro del Senado por Badajoz entre mil ochocientos treinta y siete y mil ochocientos treinta y ocho.

Murió en mil ochocientos treinta y nueve en Peñaranda de Duero. Sus restos fueron depositados en la colegiata de dicha localidad con la próxima inscripción: Tras esta lápida está el corazón del Excmo. Sr. Don Cipriano Portocarrero y Palafox, Conde de Montijo y de Miranda, Duque de Peñaranda & & 4 veces grande de España de 1ª clase, murió en quince de Marzo de 1839: R.I.P.

 

MAS DATOS BIOGRAFICOS (I) 

Palafox y Portocarreño, Cipriano. Conde de Montijo (VIII). la villa de Madrid, dieciseis.IX.1784 – Peñaranda de Duero (Burgos), quince.III.1839. Militar, político, insigne del Reino y miembro del Senado.

Hijo de Felipe Palafox y Croy de Habré, capitán de Guardas Valonas, y de María de Sales Portocarreño y Zúñiga, condesa de Montijo. Referente a la data de nacimiento existe alguna discrepancia, puesto que conforme copia certificada de la partida de bautismo presentada al Senado (mil ochocientos treinta y cuatro) para ser aceptado al Estamento de Próceres, su bautismo se generó un día ya antes de la indicada como de nacimiento (quince de septiembre de mil setecientos ochenta y cuatro). A la muerte de su hermano mayor, Eugenio Eulalio Portocarreño y Palafox, heredó el condado de Montijo, con la Grandiosidad de España. Asimismo estaba en posesión de los títulos de conde de Miranda de Castañar, duque de Peñaranda, conde de Teba y Guzmán, marqués de Ardales.

Estudió en la Academia de Artillería, alcanzando el grado de coronel. Ferviente partidario de Napoleón Bonaparte, en cuyo Ejército quedó cojo y tuerto del ojo derecho, emigró a Francia siguiendo a José I. Se tiene perseverancia de su llegada a París en el mes de julio de mil ochocientos quince, donde fue de manera estrecha observado por la policía, hasta el momento en que en el primer mes del año de mil ochocientos diecisiete fue absuelto por Fernando VII y retornó a España.

Su estropeada imagen, unida a su vejez, no impidieron su matrimonio con la joven María Manuela, hija de un escocés de nombre William Kirkpatrick de Closebum, cónsul estadounidense en Málaga. Fijó su vivienda en esta urbe, de cuya Confederación Patriótica fue nombrado presidente el veintiuno de abril de mil ochocientos veinte.

En el primer mes del año de mil ochocientos veinticinco nació su primera hija, Francisca, a la que cedió el condado de Teba; y el cinco de mayo de mil ochocientos veintiseis, en el distrito de la Magdalena de Granada, la segunda, María Eugenia Ignacia Agustina, que, el treinta de enero de mil ochocientos cincuenta y tres, al casarse con Napoleón III, se transformaría en la emperatriz Eugenia de Montijo. No obstante, conforme ciertas fuentes, Cipriano no habría sido el padre de sus hijas, sino lo fue un diplomático británico, George William Frederick Villers (mil ochocientos-mil ochocientos setenta), IV conde de Clarendon, que alcanzó fama como ministro de exteriores británico.

Vivió después en la capital de España, donde formó una parte de las logias masónicas madrileñas así como el teniente general José Zayas y su hermano Eugenio Portocarrero, conde de Montijo. A lo largo de la legislatura mil ochocientos treinta y cuatro-mil ochocientos treinta y cinco, fue nombrado insigne del Reino (mil ochocientos treinta y cuatro-nueve-diez), y en la de mil ochocientos treinta y siete-mil ochocientos treinta y ocho, miembro del Senado por la provincia de Badajoz (R. D. mil ochocientos treinta y ocho-cuatro-trece).



MAS DATOS BIOGRAFICOS (II) 


Eugenio de Palafox y Portocarrero, VII conde de Montijo fue un militar y político de España, natural de la capital de España el doce de febrero de mil setecientos setenta y tres y fallecido el dieciseis julio mil ochocientos treinta y cuatro, hijo de Felipe Palafox y Croy de Habré, capitán de Guardas Valonas, y de María de Sales Portocarrero y Zúñiga, condesa de Montijo. En vida de su madre empleó el título de conde de Teba. Casó en mil setecientos noventa y dos con María Ignacia Idiáquez, hija del duque de Granada de Ega.

Múltiples testimonios de la temporada confirman que en mil ochocientos diecisiete se creó un Gran Oriente de España, con sede en Granada, y que el conde de Montijo fue su Gran Profesor.

 

El masón Valentín Planos Gutiérrez, bajo el seudónimo de Sandoval, explica en una obra publicada en mil ochocientos veintiseis que, tras la forzada disolución de las logias de la capital de España, se comisionó al teniente Carlos Beramendi y Freire (mil setecientos setenta y seis-mil ochocientos treinta y dos), heroico defensor del lugar de Girona, a fin de que impulsase la creación en Granada de un Gran Oriente que coordinara las actividades de las logias situadas en toda la península ibérica. Beramendi contactó con Cipriano Palafox, conde de Teba, el que persuadió a su hermano, el conde de Montijo, capitán general de la provincia, a fin de que se sumara al proyecto de forma conjunta con otros masones.

De este modo, quedó establecido el Gran Oriente en Granada, con la participación del conde de Montijo, el conde de Teba, Carlos Beramendi, el marqués de Campoverde, José González, en calidad de secretario, Facundo Infante, Bartolomé Galán, secretario de Montijo, el conde de La Bisbal, el teniente coronel José Grases, el capitán Bartolomé Gutiérrez Acuña y otros militares, como el general Juan O’Donojú.

Todos acordaron seleccionar como Gran Profesor del nuevo Gran Oriente granadino a Eugenio de Palafox y Portocarrero (mil setecientos setenta y tres-mil ochocientos treinta y cuatro), Grande de España y uno de los aristócratas más notables de la temporada. Si bien pueda ser calificado por determinados historiadores de ilustrado o bien, aun, de liberal moderado, la verdad es que Montijo era, como la mayor parte de la nobleza de la temporada, de manera profunda conservador. A lo largo de la Guerra de la Independencia, habiendo ya heredado el título de conde de Montijo, se mostró siempre y en toda circunstancia defensor de las prerrogativas regias en frente de las intenciones de los liberales que deseaban recortar semejantes poderes a través de la Constitución, y esto hasta el extremo de llegar a ser detenido y preso por desobediencia a la Junta Central.

Combatió después a los franceses bajo las órdenes del general Ballesteros y del general José O'Donnell. Partidario de reemplazar la Junta Central por una Regencia —sonó aun su nombre para desempeñarla—, se mostró contrario a la asamblea y intenciones de la Cortes de Cádiz. Tras la reacción absolutista de Fernando VII, Montijo fue, además de esto, uno de los realistas encargados de delatar a los miembros del Congreso de los Diputados gaditanos más exaltados y infieles al monarca.

Ignoramos la data en la que el conde de Montijo entró en la masonería mas, puesto que su hermano Cipriano, conde de Teba, se comenzó en mil ochocientos doce en la madrileña logia bonapartista “La Beneficencia de Josefina”, probablemente Eugenio fuera asimismo empezado por aquel entonces, sino más bien ya antes. En cualquier caso, en los Papeles Reservados de Fernando VII, figura como Honorable de la logia de Granada, con el nombre simbólico de Muley Abhin y grado veintinueve del Rito Escocés Viejo y Admitido.


Un masón moderno como Antonio Alcalá Galiano, comenta en sus Memorias que en “1817 la cabeza de la sociedad masónica no estaba en la capital española, sino más bien en Granada; donde era capitán general el conde de Montijo... [el cual] estableció allá la sociedad segrega, que se propagó por toda la monarquía siendo el general cabeza de la sociedad”. Este hecho es confirmado en mil ochocientos veintiuno por personas tan políticamente opuestas como el general Juan Van Halen (masón) y por el medicó José Manuel Regato (espía de Fernando VII) en sus Memorias de mil ochocientos treinta. Desde este Gran Oriente de Granada, cuya denominación en clave era “Heliópolis”, se estableció, de este modo, una red de comunicaciones con las logias peninsulares, cuyas ramificaciones más esenciales estuvieron en la costa levantina por medio de Valencia (Beltrán de Lis), Murcia (Van-Halen) y Cartagena (Torrijos y López Pinto).

No obstante, dicha red de logias fue descubierta por la policía en mil ochocientos diecisiete y muchos de sus miembros fueron presos. Los Papeles Reservados de Fernando VII explican que, ya desde junio de mil ochocientos dieciseis, había múltiples agentes del gobierno infiltrados a dicho efecto en las logias masónicas. Uno de ellos, el citado espía Antonio Pelado, habiendo conseguido conseguir la confianza del coronel Juan Van Halen a lo largo de un viaje a Ronda, descubrió que este era Honorable de la logia masónica establecida en Murcia, como que había otras logias que trabajaban bajo los auspicios del Gran Oriente sito en Granada.

Cuando el espía entregó a las autoridades eclesiásticas de Granada los documentos que dejaban al descubierto los nombres de ciertos masones, la Inquisición procedió a la detención de Juan Van Halen, el conde de Montijo, el teniente coronel Juan López Pinto, el juez Romero Alpuente, Juan Abascal, Martín Rutero, Antonio María del Val, José María González, José María de Torrijos, etcétera Entre estos detenidos se encontraba Juan Abascal, uno de los masones más esenciales de Granada, administrador general de Correos de esta urbe, el que estaba encargado de encauzar los mensajes de Montijo, Van Halen y otros dignatarios de las logias de Alicante, Murcia y Cartagena. Los Papeles Reservados poseen sabrosos datos sobre su actividad masónica: “D. Juan Abascal es Francmasón con el nombre masónico de Vuedoa, individuo del Soberano Gran Capítulo, o bien Grande Oriente del Gran Orden Masónico de España establecido en Granada, bajo la denominación de Eliópolis [sic]; cuyo Gran Capítulo es la autoridad suprema que en España reconocen los Masones, y con lo que están sometidas a él todas y cada una de las logias y demás establecimientos regulados que tiene esta Secta en la Península.

Que por el conducto y dirección de D. Juan Abascal se recibía en tal Soberano Gran Capítulo, o bien Grande Oriente la correspondencia oficial de las logias de Alicante, Murcia y Cartagena. Que asimismo asistía a la Logia subalterna de Granada, y se encontró como individuo de ella en la elección de dignatarios, en que fue nombrado Honorable el Capitán general de aquel Reino, conde de Montijo” (AGP, Fernando VII, Papeles Reservados, tomo dieciocho).

Descabezado, tras la operación policial de mil ochocientos diecisiete, el Gran Oriente de España y presos muchos de sus líderes, los masones de Granada decidieron “renunciar a la dirección de sus afiliados en favor de Madrid”, a la vista de que los hermanos de la capital habían logrado recobrarse desde la última acción gubernativo y ya “contaban en su seno jefes de la guarnición, jueces de un rango superior, oficiales de Segregaría y hasta personas del servicio de palacio” (AGP, Fernando VII, Papeles Reservados, escrito del año mil ochocientos veintidos, Tomo sesenta y siete, fol. doscientos diez vto).

En verdad, en una comunicación mandada al Inquisidor general, se notificaba de que en mil ochocientos diecisiete había en la villa de Madrid 3 logias y un capítulo “y que habían entrado 3 sujetos de alto copete”.

Tras las delaciones del espía Pelado, Montijo fue detenido bajo la acusación de ser masón, y continuó preso hasta su liberación tras el alzamiento del general Riego en el mes de enero de mil ochocientos veinte. Como compensación por los años de prisión fue nombrado capitán general de Valladolid, si bien fue depuesto a las poquitas semanas por el ministro de la Guerra, general Amarillas, por sus antecedentes realistas, tan poco similares al régimen liberal.

Tras una serie de escritos de protesta, el conde de Montijo entendió que el nuevo gobierno no contaba con él, como tampoco lo hacía la nueva masonería, ya claramente dirigida por los liberales, lo que no le impidió seguir su militancia masónica de forma que en mil ochocientos veinte, de manera conjunta con su hermano Cipriano Palafox y el zaragocí marqués de Ariño, se inscribió a la logia madrileña “Los Amigos Reunidos de la Virtud Triunfante”.

Sabemos que esta logia, de perfil conservador, disconforme con la desmesurada politización de la Gran Logia Nacional de España, que actuaba como soporte ideológico del régimen liberal, solicitó su reconocimiento o bien “regularización” al Gran Oriente de Francia. Eugenio Palafox murió sin descendencia en mil ochocientos treinta y cuatro, tras lo que le sucedió en el mayorazgo su hermano Cipriano.


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